lunes, 30 de abril de 2012

La explosión del color y el Universo imaginario de Orlando Arias Morales


Por Jorge Ernesto Ibáñez Vergara
Poeta, Promotor y Crítico de Arte
Mayo de 2007 - Madrid, España







  

               Razonar la obra de un pintor es difícil, interpretarla lo es aún más; abordar en crítica la obra del maestro D. Orlando Arias Morales no es tarea fácil, por lo que dejaré que la imaginación de quien la contempla vuele como una mariposa que va tejiendo sueños en una flor, mientras tanto, yo intentaré adentrarme en el universo del pintor para que mi sentido común y la admiración que le tengo a este boliviano universal, descifren en mi pluma la esencia del arte que en esta ocasión nos presenta

    Empezaré por decir que es una muestra valiente y arriesgada, con la certidumbre de que a su indomable vanguardia artística la protegen unas bases seguras y sólidas, bases consolidadas en una maestría aquilatada a través del tiempo y su andadura llevando su arte por el mundo.

     En estos tiempos  que corren, en que todo se robotiza, en que la máquina sustituye al hombre, haciendo que sea prescindible en un mundo de humanos con el pretexto de que es más rápida, más precisa y más fuerte, el hombre se robotiza, trata de imitar a la máquina y actúa como un robot, deshumanizando su comportamiento, dando origen al hombre robot, al hombre máquina y como tal a una sociedad robotizada.








     Arias Morales con su robótica nos deja una buena muestra de que el arte sigue vivo, que aunque parezca que en la plástica todo está dicho, todo está hecho, él nos sorprende en esta serie “De Robótica” con obras destinadas a trascender el tiempo, en las que nos recrea robots humanizados conspirando contra lo humano, que bien podrían ser humanos investidos de robots conspirando para dominarlo todo.


    En la recreación de estos robots, deja traslucir en la imaginación, un mundo nuestro, un mundo humano, donde las formas mutando en máquinas llevan a la línea a buscar el personaje en el imaginario del artista, para conseguir su propia iconografía que  por su geometría sigue de lejos los linderos del cubismo picasiano, para expresar un sentir, una idea, la suya, dejando que su impronta vista los planos con una pincelada segura, equilibrada y eficaz, donde tienen cabida todas las gamas de colores, para que la composición tome vida en el universo del pintor, “La Robótica”.


     La atmósfera en este conjunto de obras tienen como sello de identidad una hermosa explosión de color, diría más bien, una sinfonía de colores, donde el pintor no escatima nada a su imaginación a la hora de crear, subiéndose en el vuelo de su pincel, para dejar que éste busque el duende de la creación, para que los pigmentos encuentren su sitio en el lienzo, para que la belleza vaya de parto en su encuentro con el color; sin duda su arte, arte puro.








     El maestro Orlando Arias, abanderando su robótica, nos hace una propuesta nueva, innovadora; obra en su conjunto sencillamente genial, en la que nos introduce en un universo imaginario, donde los robots son los protagonistas, donde pareciera advertirnos que estamos dejando que la máquina gobierne nuestras vidas, o bien, que los humanos nos estamos robotizando tanto, que vamos como máquinas.

     Excelente trabajo realizado, que además de estar técnicamente muy logrado y llevar al color a su máxima expresión, permite al observador adentrarse en la obra y hacer una reflexión de lo robotizados que vamos  por la vida.

     Para terminar, hacer referencia, que no se equivocó el poeta colombiano Federico Villegas Barrientos,  cuando dijo en el año 1995, refiriéndose a Orlando Arias: “Antepongo este sermón de esencia de sándalo, para expresar y esperar de quien ha sido como describo el pintor que demostrará en un futuro no lejano una obra que por madura y brillante caerá del árbol de su vida para gloria de su patria, como Colombia tiene la gloria de un Fernando Botero y Ecuador un Guayasamín,  Bolivia tendrá un Arias. Amén”.







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