domingo, 29 de abril de 2012

La densidad del color, la esencia onírica y la mirada más allá


Por Joan Lluís Montané

De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
Marzo de 2007 – Madrid, España






               Orlando Arias, la densidad del color, la esencia onírica y la mirada más allá de los límites. Consciente de la delimitación física, juega con las palabras del color sin importarle sus reales alcances, porque se adentra en la eficiencia de la forma, en la delimitación de su desarrollo, cuando a través de la densidad se mimetiza con otras sensualidades.

               Desnudos de mujeres, caras indígenas, serie Hojas y alegorías, mundo surreal de personajes expresivos, que forman parte de los vestigios de la memoria, de los alcances de sus profundidades reales.

               Sus desnudos son densos, porque conforman el cuerpo de la mujer mostrándola como una musa que irradia vibración para la inspiración. Pero también lo utilizan como fuerza emblemática, como nexo de unión del secreto del mundo que genera determinación.







               Sus obras expresionistas se entrelazan con las composiciones oníricas y surreales, de personajes inventados, pero reales, existen, no solo en la imaginación, sino también en la vibración de una realidad que se resiste a ser mirada por el artista boliviano tal cual es. 

               Es un contemplador nato, busca consolidar atmósferas densas, de dinámica lenta, en las que el tiempo parece haberse detenido, en las que la densidad de la materia y el tratamiento específico por capas del color destacan.

               La actitud del creador latinoamericano residente en Madrid de ir más allá de sus circunstancias, de sus pequeños e insignificantes detalles, aquellos que son parte fundamental de una historia que es suya, que surge de su interior más elaborado, en el que todo se mezcla, es fundamental para entender su proyección simbólica.

               Destaca el color sensual, pasional, dulce y acariciador a la vez, indaga en los contrastes, en  las atmósferas que detallan indígenas, también muestran personajes de un mundo del futuro, que ahonda su mirada en la historia y que se recrean más allá de sus alcances inmediatos.







               Su mirada aguda, oscila entre la actitud naif y sensible, pasando por la evidencia de la materia, en la que se recrea, afirmando su terrestreidad, remarcando sus ascendencias más específicas, tratando de conquistar mundos de calculada sutilidad.

               Es constante en la búsqueda de otros mundos, vivencias oníricas, de personajes, matices y seres, que son producto de un subconsciente que el creador latino hace consciente, concentrándose, por ejemplo, en la Serie Hojas, en la alegoría del símbolo.

               Es un poeta que capta instantes, que vive el momento, que se embriaga de perfumes sensibles, de situaciones generadas a partir de una convivencia que se exhibe con determinada contención, pero que es, a todas luces, producto de su visión del momento.

               Determina instantes, siendo silencioso en el procedimiento empleado, tranquilo y calculador, porque es un pintor de detalles, de escenas e instantes y situaciones, a los que hay que generar el necesario ambiente.






               Simulador de escenarios, construye, delimita y configura estructuras que le permiten desarrollar sus fantasías, más allá de las preocupaciones, dado que su obra es, esencialmente, onírica.

               Busca para encontrar más allá de las circunstancias, en línea con la determinación de la evidencia, con la formulación de la esencia poética de la propia existencia. Es decir que va más lejos de lo que ocurre, porque simplifica desarrollo, capturando detalles,  buscando comunicarnos sus alegorías estudiadas, que se instruyen a partir de ejemplos situados en lo fantasioso, otros más sutiles, los más estructurados en la cima de lo invisible, transmutador auténtico de diferentes épocas que se suceden unas a otras, producto de la voluntad de cambio contenida en la pléyade de momentos.

               Mezcla historias, permitiéndose avanzar más allá de los detalles, pero, a la vez,  buscando ser coherente en lo impreciso, porque lo metafísico está implícito en lo biológico, verdadera concreción de los parámetros contenidos en la propia visión de la trascendencia.

               Es un pintor que va más allá de la anécdota, detallista, profundizador de evidencias, transformándolas hacia la complejidad pleidiana de momentos. Es decir que capta instantes a partir de reminiscencias históricas, de segundos contenidos en la profundidad de los desarrollos y evoluciones, que son parte de una esencia divina en lo humano y sutil en la permuta de la materia.






               Emplea el color como paje alabardero, como introductor de momentos, contenidos en instantes, en fenómenos de diferentes consideraciones ambiguas, en las que la figura del laberinto aparece con toda rotundidad. Un laberinto sutil, pero firme, estructurado de tal guisa que es parte de la expresividad de lo recurrente, de la sutilidad de lo concreto.

               Orlando Arias es un metafísico que profundiza en lo surreal, para instalarse en la prodigiosa evidencia de lo que existe, en una circunstancia más profunda que la esencia onírica y más próxima a la mirada del más allá.

               De lo denso, calidez del instante onírico, ojo de Dios que conecta con la voluntad de persistencia, porque lo denso es concreto y lo concreto es el lleno, parte del vacío, que se encuentra en el espacio.

               Su aportación a la pintura contemporánea se basa en su actitud fantástica de cara a la vida, dado que tiene la habilidad de mezclar puertas y sellos enigmáticos en un mismo contexto.


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